Estuve leyendo el blog de una
compañera de colegio.
Esta lectura me ha enseñado una
palabra nueva: jira, y me ha traído a la memoria algunos recuerdos de infancia
relacionados con esta nueva palabra añadida a mi vocabulario.
Les pongo la dirección del blog
de Jane por si quieren aclarar ideas y, además, porque escribe muy bien y es un
atractivo grande leerlo. Desde aquí le doy las gracias por sus escritos y por
transmitir su sabiduría.
Volviendo a la
palabra, la duda estaba entre “jira” y “gira”. De “JIRA” el DRAE dice, en una segunda acepción: Banquete o merienda,
especialmente campestres, entre amigos, con regocijo y bulla.
Mientras
que de “GIRA” dice: Excursión o viaje de una o varias personas
por distintos lugares, con vuelta al punto de partida.
Y
las dos cosas al mismo tiempo, si eso es posible, jira y gira, es lo que yo
creo que hacíamos nosotros de pequeños con nuestros padres. Como que había una
mezcla de las dos.
Lo explico.
Éramos, normalmente, 12 personas. Íbamos por
distintos lugares de la Isla, salíamos temprano de casa y volvíamos por la
tarde al punto de partida. Aunque algunas veces, muy pocas, pernoctábamos y
volvíamos al día siguiente a dicho punto. Por supuesto que siempre iba en el
coche una gran cesta con comida y bebida que tomábamos en algún lugar
campestre. Éramos ocho hermanos, padre y madre, y dos agregados, por lo que la
bulla era segura pero lo del regocijo no lo tengo tan claro en mi memoria.
Con
el tiempo y como han cambiado las cosas, cada vez me asombro más de cómo mis
padres tenían ganas de “cargar” con nosotros para llevarnos de Jira/Gira. A
veces a lugares tan “lejanos” (entre 80 y 90 Km.) como Alcalá cuando no había
casi ni carreteras sino pistas de una tierra blanca.
Entrábamos en el coche con
nuestros pelos, rubios unos, morenos otros, y salíamos todos con el pelo blanco
como si el viaje hubiese sido a otra galaxia y hubiésemos envejecido por el
camino.
Este
es el coche que teníamos. Era un Renault (no recuerdo el modelo). Lo llamábamos
“La Rubia”. Ya dije que íbamos ¡12 personas! Cuatro delante, cuatro detrás y
otras cuatro más detrás.
Y, se preguntarán ¿cómo?
Pues muy sencillo. Los ocho
primeros, a parte de las apreturas, no tenían problema para colocarse. En
cuanto a más detrás, mi padre, que era medio inventor, había encargado dos
banquetas que se ajustaban perfectamente a esa parte. Pero las banquetas eran
de quitar y poner por lo que iban sueltas. Ni atornilladas ni nada por el
estilo. Y dejando la puerta abatible de atrás abierta para colocar atada la
cesta en la que iba la comida y la bebida. Era una cesta de mimbre, grande,
porque iba comida para muchos, aunque creo recordar que era bastante frugal y
fundamentalmente bocadillos. Del pan de los bocadillos hablaré en otra ocasión
porque tiene su miga.
Bueno,
pues en esas banquetas, incómodas y totalmente inseguras íbamos los cuatro más
pequeños tan felices. Aunque no siempre igual de felices porque, como las carreteras y las pistas tenían tantas curvas, muchas veces había que parar
porque uno de los de atrás (casi siempre yo) se estaba poniendo pálido y había
peligro para los de delante o para la cesta de la comida que estaba detrás. No sé lo que era peor.
Al
ir con la parte de atrás abierta entenderán el por qué del pelo y la ropa casi
blancos de todos al llegar al destino
¿Se
imaginan hacer eso ahora con 12 cinturones de seguridad, con sillitas para los
niños según edad y tamaño?
Yo sí que me lo imagino.
Y les aseguro que no habría
ni Jira ni tampoco Gira.
Carmen, en la forma de contar va el regocijo que no encuentras en la memoria... Ya ves... Felices y contentos...Lo que no encajo es lo de Alcalá...No sé por dónde anda ese lugar en Tenerife... ¿o es que me hablas de Alcalá de Guadaira (Sevilla)? Y te diré que me imagino que hoy no tendría tu padre aquel Renault; tendría otro modelo de los muchos y muy amplios que hoy existen, sin duda. Pero que jira/gira (y yo tamién he aprendido esa palabra que desconocía) llevaba consigo el regocijo de los viajeros. Porque todo era bulla y regocijo, quizá lo recuerdes menos... Años felices de tu niñez, sibn duda. Me alegro y te felicito. Y te diré que entraré en el blog de esa tu amiga para disfrutar de sus escritos; esta tarde no será, porque el riego de los olivos me espera. Muchos besos y mi alegría, que ya salen mis comentarios a la luz.
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